La aproximación del cometa interestelar 3I/ATLAS a las cercanías de Júpiter ha provocado una serie de nuevas especulaciones dentro del ámbito científico. Uno de los investigadores que más atención ha recibido es Avi Loeb, científico de Harvard conocido por explorar hipótesis poco habituales. Loeb planteó que la trayectoria inusual del cometa podría tener un propósito específico y que incluso podría estar enviando pequeños dispositivos hacia el planeta gigante para realizar algún tipo de observación. En declaraciones recientes comentó que el paso que realizará en marzo de 2026 sería una oportunidad para que el objeto liberara sondas alrededor de Júpiter.

En una publicación que difundió poco después, explicó que Júpiter, debido a su tamaño masivo, podría funcionar como un punto llamativo para cualquier observador distante, más visible y distinguible que la Tierra u otros cuerpos del sistema solar interior. De acuerdo con su planteamiento, si ATLAS quisiera estudiar el planeta tendría que ingresar al radio de Hill, la zona en la que predomina la gravedad de Júpiter. Esta región contiene áreas donde un objeto puede mantenerse estable sin gastar grandes cantidades de energía, lo que según Loeb las convierte en ubicaciones ideales para colocar satélites avanzados.
Uno de los aspectos que más llamó la atención del científico es que el cometa parece dirigirse precisamente hacia ese punto. Durante su paso más cercano al gigante gaseoso, la distancia estimada coincide notablemente con el radio de Hill calculado por especialistas. Loeb calificó esta coincidencia como algo extraordinario y mencionó que, si el cometa tuviera la intención de dejar instrumentos alrededor de Júpiter, esa sería la distancia exacta para hacerlo. También consideró la posibilidad de que el objeto hubiera realizado una maniobra durante su aproximación al Sol, en la etapa conocida como perihelio, para ajustar su ruta y alinearla con ese punto.

El investigador añadió que, en caso de tratarse de una estructura artificial, podría haber empleado mecanismos de propulsión para perfeccionar su trayectoria. Sin embargo, el paso por el perihelio ocurrió detrás del Sol, lo que impidió que los observatorios terrestres registraran si se produjo algún ajuste o si el cometa liberó algún tipo de sonda en ese momento. Aun así, señaló que aún es posible detectar objetos que podrían haber quedado orbitando Júpiter tras el paso de ATLAS mediante observaciones de misiones como Juno.
Para Loeb, encontrar elementos tecnológicos cerca del planeta sería un descubrimiento capaz de modificar la manera en que entendemos el interés de posibles civilizaciones externas respecto a nuestro sistema solar. También comentó que la ausencia de algo parecido en las inmediaciones de la Tierra podría hacernos reconsiderar la posición que creemos tener en el cosmos, ya que sugeriría que nuestro planeta no ocupa un lugar central ni especialmente destacado. Desde su punto de vista Júpiter habría podido ser un objetivo más evidente debido a que, mientras la humanidad tiene una existencia relativamente reciente, el planeta gigante ha estado visible durante miles de millones de años.
Aun con todo esto, el propio Loeb reconoce que su hipótesis es la menos probable entre las que analiza en relación con las particularidades del cometa. Considera que otras características, como su anti cola o la dirección en la que orienta su actividad, plantean interrogantes más significativos. Paralelamente a estas discusiones, ATLAS ha seguido despertando interés debido a nuevos cambios en su estructura. Este objeto, identificado como el tercer visitante interestelar detectado en nuestro sistema solar tras Oumuamua y 2I/Borisov, ha mostrado variaciones difíciles de interpretar con los modelos actuales.

Aunque su trayectoria no representa ningún peligro para la Tierra, ya que en su punto más cercano pasará a cientos de millones de kilómetros, las transformaciones registradas han motivado numerosos estudios. Uno de los primeros aspectos que sorprendió a los astrónomos fue la aparición de una anti-cola orientada hacia el Sol, algo opuesto a lo que ocurre habitualmente con los cometas, cuyas colas suelen formarse en dirección contraria a la estrella. Las observaciones indicaron que esta estructura estaba compuesta por una mezcla de materiales inusual y poco coherente con procesos naturales comunes.
Con el paso de los meses, surgió otra anomalía que incrementó las preguntas. A inicios de noviembre de 2025, la anti-cola desapareció de forma repentina y fue reemplazada por una cola convencional, larga y brillante, que actualmente supera los cincuenta mil kilómetros. También se detectó una pérdida de masa significativa y una aceleración que no coincide con el comportamiento habitual provocado por la desgasificación de los cometas. Instrumentos como el Hubble y el James Webb registraron un cambio notable en la coloración del objeto, así como un nivel muy alto de polarización en la luz reflejada, algo que no se había observado antes en cuerpos de esta naturaleza. A ello se sumaron variaciones repentinas en la actividad del núcleo que no encajan con los modelos conocidos.

Todas estas observaciones han llevado a la comunidad científica a reconsiderar lo que se sabe sobre los cuerpos provenientes de otros sistemas estelares. Aunque se ha reiterado que ATLAS no representa ninguna amenaza para la Tierra, su comportamiento constituye una oportunidad excepcional para profundizar en el estudio de estos objetos. Además, debido a su brillo actual, cualquier persona con un telescopio puede observarlo desde distintos lugares del mundo, lo que ha generado un creciente interés entre aficionados que continúan registrando sus propios avistamientos.






