La historia está llena de personas que inventaron cosas que hoy parecen de ciencia ficción, pero que realmente existieron, se usaron y luego quedaron en el olvido. Aquí te dejo cinco inventos que te van a hacer pensar y preguntarte por qué ya no los usamos.
1. El televisor mecánico de John Logie Baird
En 1926 la gente utlizaba el radio de galena, sin embargo la novedad de un escocés loco llamado Baird transmitiendo imágenes en movimiento con un aparato hecho de cartón, lentes de bicicleta, agujas de tejer y un motor de reloj. El disco de Nipkow proyectaba 30 líneas borrosas, y en la primera prueba mostró la cara de un muñeco de ventrílocuo que parecía fantasma. En 1928 ya transmitió desde Londres a Nueva York por onda corta, y la BBC lo usó hasta 1935. Lo usaron en Alemania para los Juegos Olímpicos de 1936, la gente veía en salas públicas. ¿Por qué lo olvidamos? Porque llegó el tubo catódico que daba más líneas y color, pero el cacharro de Baird funcionaba sin válvulas ni electricidad fuerte, puro mecánico. En la actualidad todavía hay uno funcionando en un museo de Escocia, y cuando lo ves piensas que con cartón se inventó Netflix 80 años antes.

2. El coche nuclear Aurora
En 1957 Ford presentó el Nucleon, un concepto de carro con reactor nuclear chiquito atrás, del tamaño de una lavadora, que calentaba agua para mover turbinas de vapor. Decían que con 2 kilos de uranio recorría 8000 km, y cuando se gastara lo cambiabas en la gasolinera como batería. El diseño era brutal, cabina delantera como nave espacial, cola de cohete, y prometía que en 1965 todos tendríamos uno. Lo exhibieron en ferias, los niños se volvían locos, y hasta hicieron maquetas a escala. ¿Por qué no llegó? Porque nadie sabía cómo blindar la radiación sin que pesara 20 toneladas. Pero el concepto era real, los planos existen, y hoy con reactores de torio pequeños algunos sueñan con revivirlo. El prototipo está en un museo de Detroit, y cuando lo ves parece de Fallout pero de los 50.

3. El tren atmosférico de Brunel
En Inglaterra, Isambard Kingdom Brunel, el mismo de los puentes locos, inventó un tren que no necesitaba máquina de vapor: un tubo gigante entre los rieles con una bomba estacionaria que chupaba el aire y empujaba un pistón conectado al vagón. En Devon llegó a 110 km/h en 1848, más rápido que cualquier tren de la época, silencioso y sin humo. La línea de South Devon funcionó 10 años, llevaba pasajeros de Exeter a Newton Abbot, y la gente se asombraba porque no veían la locomotora. ¿Por qué lo desecharon? Porque las ratas se comían las juntas de cuero que sellaban el tubo, y cada vez que entraba aire se paraba todo. Pero el concepto era tan bueno que en 2019 una empresa canadiense lo revivió con Hyperloop, básicamente lo mismo pero con imanes. Fotos de la época muestran vagones elegantes volando sin nada que tire, y da nostalgia de lo que pudo ser.

4. La nube de muerte de Tesla
Nikola Tesla, ya viejo y loco, anunció en 1935 que tenía un “teleforce” que disparaba rayos de partículas, capaz de derribar aviones a 400 km de distancia, sin ruido ni luz, solo una nube de muerte invisible. Decía que costaba 2 millones de dólares construirlo y que lo ofrecía a los gobiernos para acabar guerras. Dibujó planos, habló con Inglaterra y la URSS, pero nunca mostró el prototipo porque “la humanidad no está lista”. El FBI se llevó todo cuando murió en 1943, y todavía hay expedientes clasificados. En 1984 un físico ruso dijo que Tesla lo probó en Tunguska en 1908 (la explosión gigante), aunque no cuadra del todo. Lo que sí es real es que construyó bobinas que lanzaban rayos de 40 metros en Colorado Springs, y las fotos existen. Quizás exageró, pero el concepto es el padre del láser militar y del cañón de partículas que hoy prueban en secreto.

5. El orgón de Wilhelm Reich, cajones que curaban el cáncer
En los años 40 y 50, Wilhelm Reich, ex alumno de Freud, dijo que descubrió una energía vital universal, el “orgón”, azul invisible que estaba en todo. Construyó acumuladores: cajones de madera y metal donde te metías desnudo 30 minutos y supuestamente curaba el cáncer, depresión y hasta impotencia. Decía que también hacía llover si apuntabas tubos de cobre conectados a agua al cielo. Eisenhower lo usó en secreto para sequías en 1953, y en Maine llovió después de meses. La FDA lo llamó fraude, quemó sus libros (primera quema de libros en USA desde los nazis), lo metieron preso y murió en la cárcel en 1957. Pero sus cajones todavía los usan en clínicas alternativas en Europa, y hay estudios que dicen que sube la temperatura dentro 2-3 °C sin explicación. Los planos están libres, cualquiera puede armar uno con capas de lana de acero y madera. Real, con fotos de pacientes famosos (hasta Einstein probó uno y dijo “interesante pero raro”).

En fin, estos cinco inventos fueron tan adelantados que los olvidaron por miedo o porque no había tecnología para hacerlos baratos. Baird con cartón hizo tele, Ford quiso reactor en el coche, Brunel trenes sin locomotora, Tesla cañón de la muerte, y Reich cajones de energía sexual. Hoy los miramos y parecen locos, pero todos funcionaron en su momento, con testigos y pruebas. La historia está llena de genios que llegaron 50-100 años antes, y nosotros seguimos usando gasolina y televisión de tubo básicamente. Quizás algún día los revivamos, o quizás los volvamos a enterrar por incómodos. Lo increible es que existieron, y sus planos andan por ahí esperando a otro loco que los rescate.






